lunes, 22 de julio de 2013

La flota francesa cae derrotada en Muros y se hunde con el brazo de San Guillermo

Don Álvaro de Bazán, vencedor de Lepanto, derrotó a la imponente flota francesa y sintió pena por no recuperar el relicario del santo
Batalla de Muros, en 1543
«Don Álvaro de Bazán estaba furioso, tenía a la flota francesa a la vista, fondeada


indolentemente frente a Muros, confiada en su superioridad numérica, negociando con aquella ciudad un rescate para no destruirla. Que eso lo estuvieran haciendo bajo sus narices lo superaba...» Era el 25 de julio de 1543, día de Santiago Apóstol, y la gran flota francesa fue derrotada por don Álvaro de Bazán. El mejor almirante de nuestra historia sintió, más allá del júbilo de la victoria, la pena por la suerte que corrió la reliquia de San Guillermo de Finisterre. ¿Dónde fue a parar? Un día de Santiago en Galicia Don Álvaro de Bazán estaba furioso, tenía a la flota francesa a la vista, fondeada indolentemente frente a Muros, confiada en su superioridad numérica, negociando con aquella ciudad un rescate para no destruirla. Que eso lo estuvieran haciendo bajo sus narices lo superaba. Sabía que Jean de Clamorgan, el mejor marino francés de su tiempo, general de la flota, actuaba más como un pirata que como soldado, muy a la antigua usanza, los ingleses estaban igual de atrasados en ese aspecto y era por eso que España dominaba los océanos. Por eso, y por la superioridad de sus barcos y hombres. Y ahí estaban, ¡un 25 de julio de 1543!, el día del Apóstol Santiago para mayor humillación… ¡Ésa va a ser la clave!… ¡Señores, España no puede perder una batalla en tan señalado día, sin refuerzos y en inferioridad numérica, nos batiremos y ganaremos!. Sólo dos horas más tarde de iniciado el combate que cogió a los franceses por sorpresa. Don Álvaro había cambiado radicalmente su ánimo. Las 16 naves españolas habían rendido 23 buques, 3.000 de sus tripulantes enviados a rendir cuentas con el Patrón, Jean de Clamorgan prisionero a bordo de su nave y sólo un buque enemigo huido, … y todo por 300 bajas propias. Sólo un detalle impedía el júbilo del primer marqués del Viso; en el abordaje había hundido a la Almiranta francesa mientras peleaba con ésta y con la del corsario Hallebarde. Con ella se perdió buena porción de franceses y la mayor parte del botín que los canallas habían obtenido en los saqueos de Laxe, Finisterre y Corcubión. Lo peor de todo es que casi seguro que la venerada reliquia del brazo de San Guillermo de Finisterre, en su relicario de plata, se hundiera con la nave. Ya no podría ganarse el favor del santo devolviéndolo a la iglesia de Santa María. Nada tiene ahora remedio, Don Álvaro se centró en la victoria, el favor que había hecho a aquel reino de Galicia, la lección dada a su hijo que estaba con él embarcado… e indemne – llegará lejos, pensó – , … y en la parte del botín, que calculaba rondaría los 200.000 ducados, le correspondía. Una última reflexión le llevó a desear que no le ordenaran ejecutar a los 3000 prisioneros capturados, sólo en rescates perdería una fortuna… La Batalla de Muros de 1543 pasa por ser la primera batalla moderna del Atlántico. Al hijo de Don Álvaro se le conocerá más adelante como el marqués de Santa Cruz, el mejor almirante que haya tenido España. Jean de Clamorgan, señor de La Saane, el mejor marino francés de su tiempo, se retiró para siempre a sus posesiones, allí escribió un libro sobre la caza del lobo… Hoy en día la capitana de Jean de Clamorgan sigue en el fondo del mar y con el brazo de San Guillermo en su interior, en su relicario de plata, se desconoce su situación, su estado… porque en este país a nadie le importa.  

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