martes, 23 de julio de 2013

MOTOGP | Marc Márquez El discípulo más osado

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Marc Márquez celebra su victoria en el circuito de Laguna Seca. | Efe
  • Márquez impresiona a toda la parrilla, incluido a Valentino.


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    Hay deportistas que parecen marcados. Por el simbolismo, por la gloria, por el talento y a veces hasta por la casualidad. Marc Márquez (Cervera, 1993) es uno de ellos y el mundo del motociclismo se está dando cuenta. A la fuerza, porque el piloto catalán no quiere dejar lugar a la duda.
    Cuando en las primeras vueltas del Gran Premio de Laguna Seca se encontró detrás de su ídolo Valentino Rossi en el sacacorchos, casi desequilibrado, con una pierna por fuera y a 29 vueltas del final, pudo haber esperado a un momento más cómodo para el adelantamiento. Pudo haber rectificado cuando veía que la trazada se le iba a la tierra y la legalidad, un poco, al limbo. Pudo haberse acordado de la polémica con Jorge Lorenzo cuando se tocaron en la última curva del Gran Premio de Jerez y el balear pidió su sanción. No lo hizo.
    Era una maniobra arriesgada, para él y para su imagen, y los dos salieron victoriosos. En Italia, donde más ampollas podía levantar el discutible adelantamiento, La Gazzetta dello Sport lo define como "uno de los más bonitos de la historia de Moto GP". Y a él como un "prodigio". Un psicólogo lo llamaría síndrome de Estocolmo. Cualquier seguidor del motociclismo simplemente diría que se ajusta a la realidad. Su temporada de debut en la categoría reina no para de acumular récords, miradas y similitudes. El "demasiado rápido para mí" con que resumió Valentino la situación es definitivo.

    Trayectorias paralelas

    Precisamente Rossi, el adelantado, el ídolo, fue a buscar a Marc al finalizar la carrera para felicitarle por el mismo adelantamiento que él le hizo a Casey Stoner en 2008. Hay un sentimiento especial entre ellos, innegable. Como dos espejos que se miran, encantados de verse el uno en el otro.
    Márquez, en su primer año en Moto GP, con 20 años, es líder del Mundial con tres victorias. 16 puntos de ventaja con Dani Pedrosa  y 26 con Jorge Lorenzo. Y, tras el adelantamiento en el sacacorchos, 46 sobre Valentino. Su número mágico. Casualidades.
    A la edad del catalán, Rossi también debutaba en los 500cc. También ganaba carreras, peleaba por el Mundial con Kenny Roberts Jr y generaba comentarios y expectativas. También venía de ser campeón de 125 y 250. Su paso por curva, su estilo ágil y su carisma comenzaban a suscitar la atención de todos.

    En lo que Rossi transformó esas expectativas es historia y queda lejos del alcance de cualquiera. Pero Márquez también quiere porfiar eso. Ha sido capaz de conseguirlo todo desde que se montó por primera vez en una moto con cuatro años y parece difícil sacarle algo de la cabeza.

    Como a Rossi, que juró que la del domingo se la devolverá antes de que acabe el año y que Marc "no podrá quejarse". Seguro que entonces, cuando termine la carrera, será Márquez el que se acerque al nueve veces campeón del mundo para repetir otra imagen cariñosa como la del domingo.

    Como tantas que han protagonizado desde que se conocieron y desde que el italiano dijera tras el GP de Valencia del año pasado que "no es descabellado decir que Márquez es el nuevo Rossi". En Laguna Seca comprobó que su pronóstico evoluciona favorablemente. Y pareció encantado de haberlo hecho.

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