lunes, 12 de agosto de 2013

El secreto del éxito de Red Bull

Durante varios años, la escudería de la popular bebida energética trabajó de forma oculta para desarrollar el coche con el que domina el mundial de Fórmula 1
En los últimos años la escudería Red Bull se ha convertido en el absoluto dominador del campeonato de Fórmula 1 sin que equipos históricos como Ferrari o McLaren parezcan capaces de hacerles sombra, al menos, en un futuro cercano.

Esta situación no es casualidad, sino que tal y como analiza extensamente Álex García en el blog “Motor Pasión”, es el fruto de más de una década de trabajo encaminado a convertir al equipo Red Bull en el referente que es hoy en día. Todo comenzó en 1997, cuando el escocés Jackie Stewart debuta en la Fórmula 1 con su equipo, Stewart Grand Prix, y el apoyo de Ford. Los primeros resultados fueron esperanzadores y en 1999 el equipo, comandado por Milton Keynes, pasa a ser propiedad de Ford, que lo rebautiza como Jaguar.
Aunque todos esperaban que los éxitos continuaran, una mala gestión llevó el equipo a la ruina y cinco años después, Jaguar lo pone en venta. El comprador fue Dietrich Mateschitz, propietario de la marca de bebidas energéticas Red Bull. En ese momento, comenzaron a ponerse las bases para que la escudería del toro rojo viviera su época dorada.
Tras convertirse en Red Bull, los ingenieros del equipo deciden tomarse las cosas con calma. Con una importante inyección económica, pero sin ninguna obligación de ganar, prefieren centrarse en crear una apuesta de futuro. Con un experimentado David Coulthard al volante, en la temporada de 2005 obtienen unos sólidos resultados. Junto a ello, comenzaron a desarrollar un programa de formación de pilotos, del que años más tarde saldría Sebastian Vettel.
Tras la incorporación de Adrian Newey al equipo, en 2006 Red Bull comenzó a correr con motores Ferrari. Comenzaba un trabajo en las sombras para cambiar radicalmente la escudería, algo que los grandes equipos no pueden permitirse. Sin la presión que existe en equipos como Ferrari, Renault o McLaren para ganar, pueden permitirse descubrir el camino, entenderlo, y entonces arrancar a correr.
Entre 2006 y 2008, el equipo se consolida, se crea una segunda escudería, Toro Rosso, para formar a jóvenes pilotos, Renault se convierte en el nuevo proveedor de motores y Newey diseña un coche partiendo de cero para la temporada de 2009. El resultado fue que Red Bull dispuso de un gran coche, frente al que los de sus competidores resultaban mediocres.
Mientras otras escuderías cada año se veían obligadas a producir un coche ganador, en Red Bull había que descubrir poco a poco cómo hacer un coche legendario con el que acometer un asalto a la historia de la Fórmula 1. Un equipo joven, con dinero, un diseñador espectacularmente bueno, un piloto voraz y talentoso y una situación histórica que les permitió trabajar casi exclusivamente para desarrollar una estructura ganadora, ha tenido como resultado el dominio casi absoluto de la escudería de Mateschitz en los últimos tres años.
La próxima temporada todos los equipos tienen la oportunidad de desarrollar un coche competitivo partiendo desde cero. Esa situación augura un mundial de Fórmula 1 mucho más igualado. Tras sus últimas campañas, Red Bull está obligada a seguir ganando. La incógnita ahora es saber si conseguirá mantenerse en la senda del éxito.

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