domingo, 11 de agosto de 2013

Gases, estreñimiento y vientre hinchado: qué alimentos ayudan a combatir estas molestias

   Una imagen de un vaso de horchata y chufas. (CRDO CHUFA DE VALENCIA) 
Una imagen de un vaso de horchata.
La fruta fresca, gran aliada en estos casos, debe ser un alimento obligado en cualquier dieta. Las ensaladas combinadas con frutas como la piña o la papaya ayudan a la digestión.
El miso, los germinados, la melaza (en vez de azúcar)... también son aliados contra estas molestias. Chufas y horchatas pueden convertirse en sustitutos de la leche. Qué causa la sensación de vientre hinchado.


El ritmo de vida más desordenado típico del verano incide de forma directa en nuestros hábitos alimentarios. Comidas a deshoras, excesos y desorden son un clásico en estas fechas, provocando en multitud de ocasiones sensación de vientre hinchado, pesadez, gases y estreñimiento. Existen varios alimentos que, como destacan desde Consumer, ayudan a combatir estas molestias:

Fruta fresca:
resulta digestiva, ya que su fibra se acompaña de una gran cantidad de agua, y su contenido en grasas es muy bajo aunque siempre se ha de observar la tolerancia individual. En caso de digestivo delicado, se aconseja no abusar de ninguna variedad de fruta en concreto, e intentar no consumir las mismas variedades en días consecutivos, con el fin de identificar con más facilidad si alguna fruta sienta peor que otra. Se propone alternar entre las que más gusten, según la temporada.

 Ensalada de entrante:
 las ensaladas que combinan con frutas como la piña o la papaya, son también un buen comienzo para favorecer la digestión. En las cenas, debido a que luego nos acostaremos, debemos estar más alerta a la respuesta de nuestro estómago, aunque basta comprobar las sensaciones que se tiene a nivel digestivo tras cenar la ensalada. Esta última comida del día se puede comenzar con una ensalada pequeña que lleve endibias, canónigos, germinados y semillas; una sopa vegetal o una crema. Germinados:

de soja, alfalfa, lentejas... Son alimentos muy saludables, cargados de vitaminas y minerales y pobres en grasas. Resultan idelaes en ensaladas, gazpachos o sopas y cremas frías, o añadidos al final de la cocción a los platos calientes, como una sopa de germinados, una sopa de arroz o una tortilla.
 Miso:

es una pasta de soja fermentada con sal marina. Se suele utilizar para sustituir a las pastillas de caldo, aunque no se debe olvidar que su contenido en sal también es notable. En estos casos, el miso se debe diluir en el líquido o el plato caliente, al final de la cocción, sin dejar que hierva, aunque cocinándolo unos minutos. Se calcula una cucharadita de café por taza de sopa. Es aconsejable que el miso sea pasteurizado y biológico.
 'Chucrut' o col fermentada:

como acompañamiento de las barbacoas veraniegas de carnes y pescados, de los asados o de los contundentes estofados de carne. Su fibra dietética, gracias al proceso de fermentación, es más digestiva. El chucrut también congenia con ensaladas a las que aporta el contrapunto ácido. Para eliminar el marcado sabor ácido y el exceso de sal que pudiera concentrar, basta con aclarar el chucrut con agua antes de servirlo.
Melaza en lugar de azúcar:

las mieles o melazas de cereales (arroz, cebada, maíz, etc.) se elaboran a partir de los cereales integrales por fermentación. La fermentación de un alimento mejora su digestibilidad y su valor nutritivo, ya que los microorganismos responsables del proceso (como las levaduras o los mohos) transforman los compuestos complejos —tales como hidratos de carbono o glúcidos, proteínas y grasas— en azúcares sencillos, aminoácidos y ácidos grasos libres de manera respectiva, más fáciles de asimilar. No hay que obviar que las melazas son alimentos concentrados en azúcares rápidos por lo que se deben consumir con moderación, y su ingesta está restringida en determinadas enfermedades, como la diabetes o la hipertrigliceridemia.
Chufas y horchata:

 una horchata fría puede ser un tentempié a tener en cuenta en sustitución de la leche en personas con intolerancia a la lactosa o alergia a la proteína láctea, debido a su ausencia de lactosa y caseína (presentes en la leche de vaca). La elaboración casera es muy simple, y prescindir del azúcar añadido o usar lo mínimo es la receta más recomendable.

 
 

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